Monday, Jul. 28, 2014

Hopper, más allá del lienzo

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28/06/2012

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Sol de la mañana

“El cuadro no es una transposición exacta de un lugar real, sino una combinación de bocetos e impresiones de ese sitio.”   Edward Hopper.

Observando algunos de los cuadros de Manet, somos testigos de miradas que se cruzan, de juegos entre interiores y exteriores, de espejos, ventanas, visillos que diluyen la extensión física del cuadro para aumentar su campo más allá de los límites de su marco físico. Un fuera de campo que se expande hacia nosotros y más allá. Distintas “capas” que dividen la visión del espectador en diferentes miradas, tiempos, relatos. Como un reportero gráfico del S XIX, Manet, plasmaba excepcionalmente el latir de la sociedad de su tiempo. Este mismo sentir encontramos en las obras de Edward Hopper. El espectador se transforma, por medio de la mirada del pintor, en el voyeur de una vida no representada, de una vida intuída, detenida en ese espacio invisible del cuadro. Esa puerta, esa ventana que divide y a la vez provoca una continuidad de nuestra mirada, que se pierde en la luminosidad de una calle cualquiera, de esas desoladas avenidas perturbadoras existentes en el universo hopperiano. Puertas reveladoras de un ir y/o venir que son sólo las dos caras de un mismo acto. Ventanas que nos obligan a mirar hacia el interior de lugares a los que no podemos acceder, aunque la puerta entreabierta nos siga invitando a entrar.

casa ferrocarril hopperConocido y admitido admirador de los clásicos europeos, de Velázquez, de Goya, Manet, Gaugin o Degás, la obra de Hopper aúna lo clásico y lo moderno. En esta exposición que el museo Thyssen‐Bornemisza nos muestra, y que podremos visitar del 12 de junio al 16 de septiembre de 2012, encontramos una selección de 73 obras expuestas de una manera que podría denominarse cuasi didáctica. Se reúne en ella la más amplia selección de obra que se haya mostrado hasta ahora en Europa, con préstamos procedentes de grandes museos e instituciones como el MoMA y el Metropolitan Museum de Nueva York, el Museum of Fine Arts de Boston, la Addison Gallery of American Art de Andover o la Pennsylvania Academy of Fine Arts de Filadelfia, además de algunos coleccionistas privados, y del Whitney Museum of American Art de Nueva York, que ha cedido 14 obras del legado de Josephine N. Hopper, esposa del pintor. En esta muestra se analiza la evolución de Hopper en dos grandes capítulos. El primero de ellos arranca con su paso por el estudio de Robert Henri en la New York School of Art y recorre el periodo de formación del artista. Óleos, dibujos, grabados y acuarelas, se exponen junto algunas piezas de otros artistas que influyeron en su obra, como el propio Henri, George Bellows, Félix Valloton, Walter Sickert, Albert Marquet o Edgar Degas. Podemos encontrar, en las primeras salas de la muestra paralelismos en la confrontación de cuadros de Félix Valloton como “Mujer cosiendo en un interior” y la “Muchacha cosiendo a máquina” de Edward Hopper. Una mirada desde el exterior al interior de una escena doméstica que se nos mostrará más explícitamente en cuadros de etapas más maduras, y que podemos recorrer en las siguientes salas de esta exposición. Obras que repasan su trayectoria artística de manera temática, destacando los motivos y asuntos más recurrentes de su trabajo.

Artista de los pequeños momentos, de los nuevos tiempos, de la “Road movie”, la figura de Hopper se nos presenta solitaria y mística, distante. Precursor voyeurístico de otros pintores contemporáneos como Eric Fischl (obra que por cierto se echa en falta en esta exposición) y gran referente fotográfico en la historia del cine. Su obra servirá de inspiración para multitud de directores como Wim Wenders, Howard Hawks o David Mamet. Pintor de mundos privados que perturban nuestra mirada al traspasar la intimidad de una ventana. Intimidades del propio autor, que nos llegan a través de las figuras de esas mujeres que pueblan sus telas. Mujeres que formarán parte de ese universo femenino que tanto ha servido de inspiración en la historia de la pintura.

hotel room hopperMujer madre, mujer amiga, mujer amante, mujer esposa, mujer en fin, que repasa los días que ha dejado atrás mientras deposita su mirada perdida en un café, o se sienta en el borde de una cama, a punto de aventurarse a los nuevos tiempos que están por llegar. Instantes robados de sus vidas, como vemos en “Mujer en una habitación”, casi la misma mujer que luego veremos en películas como “Bagdad café” (Percy Adlon, 1987), “El Eclipse” (Antonioni, 1962) o “Las Horas” “Stephen Daldry, 2002). Figuras femeninas en un cuarto que es metáfora de la intimidad. La ventana casi siempre presente como figura emblemática del mirar desde el interior, y que distancia la experiencia espacial de la mera técnica funcional de las arquitecturas.

Pero también en Hopper aparece ese mirar desde el exterior. Ese voyeur intrínseco en la mirada del pintor, que se cuela a través de las cuadrículas que forman las ventanas de los edificios deshumanizadores de las ciudades. Vidas anónimas, amontonadas y artificiosas de la gran ciudad. De esa gran ciudad, impersonal y alienante. Edificios de apartamentos que diluyen de significado todo habitar. Transformación de los hogares en cámaras de reclusión y protección. Escenas que aumentan en su significación al enfrentarlas a esas casas solitarias que aparecen como vistas desde las fugaces ventanas de un tren. Construcciones solitarias, perturbadoras que no muestran más vida que la propia vista de la edificación. Grandes casonas, solitarias, llenas de tristeza, de abandono y amenaza, como las que aparecen en “La noche del cazador”(1955) de Charles Laughton.

Son como digo, construcciones y paisajes que pertenecen a la retina del viajero y que Hopper encontraba en los largos viajes realizados en compañía de su esposa Josephine. Recorriendo lugares una y otra vez, abocetando y probando hasta dar con esa imagen, fotograma mental de la historia buscada. Y entre tanto, siempre presente, como gran protagonista, esa luz que todo lo abarca. Afilada, oblicua. Luz blanca que aparece amenazadora en filmes como “Alicia ya no vive aquí” (1974) de Martin Scorsese . Luz que cautivó a directores de fotografía como Vittorio Storaro y Eduardo Sierra. Luz protagonista, como lo fue la sombra en las pinturas de Caravaggio. La luz blanca que Hopper vió en el sol, y que pretendió retener en sus cuadros. Luz blanca de horas de mediodía, que satura, enfría y congela el momento.recreación sol de la mañana

Hopper nos ha dejado la mirada de lo único y necesario. La obviedad de lo nimio. La supremacía de lo protagonista. Universos sumidos en una luz que todo lo envuelve y delimita. Que nos muestra lo único y necesario para narrar las historias intrínsecas en las telas. Fotogramas de vidas anónimas, de lugares comunes, de multitudes solitarias, de vidas ajenas. La luz blanca, fría y caliente a la vez. Edificios que se vuelven protagonistas, cuadros vacíos de figuras, y llenos de historias. Miradas, espacios, y el tiempo, que se detiene, para amarrar la sutil levedad de la vida.

La exposición Hopper en el el museo museo Thyssen puede visitarse hasta el 16 de septiembre de 2012. Más información en el microsite de la expo.

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Iria Araújo

2 Respuestas a “Hopper, más allá del lienzo”

  1. Abraham de Vicente dice:

    Un artículo fantástico, del maestro Hopper!

  2. oscar dice:

    me ha encantado este artículo, gracias!

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